1.- Imprevisión.
Aunque en el debate televisado con el socialistaAlfredo Pérez Rubalcaba afirmó lo contrario, Rajoy reconoció que sería necesario inyectar fondos públicos para sanear la banca española. Sin embargo, no supo trazar un plan consistente, ni antes ni después de su llegada a la Moncloa, para minimizar el impacto de esta medida para la credibilidad exterior de España.
2.- Descoordinación.
Rajoy cometió su primera equivocación presidencial tan pronto como tomó posesión, al dejar vacante la vicepresidencia económica, atribuirse –en vez de delegar– la coordinación directa del área más sensible del Gobierno y repartir las competencias entre dos ministros, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro, cuyos encontronazos en nada han ayudado a infundir confianza.
3.- Tacticismo.
Calculó el presidente que para aplacar a los mercados bastaba con justificar los primeros recortes invocando la pésima herencia recibida y aplicar una “agresiva” reforma laboral. Luego echó el freno y pospuso la presentación de los durísimos presupuestos del 2012 hasta después de las elecciones andaluzas. La tosca maniobra no le alcanzó para conquistar la Junta de Andalucía y, por contra, le valió la primera amonestación europea. Luego hubo más.
4.- Arrogancia.
El ingenioso hidalgo de la Moncloa vindicó en Bruselas la “soberanía española” para rebajar unilateralmente el objetivo de reducción del déficit público español. Mas los gigantes eran en verdad gigantes, y no molinos, así que no tardaron en apear al jinete de su escuálido équido. Poco a poco, los líderes europeos empezaban a sospechar que sus nuevos socios españoles no eran gente de fiar.
5.- Tibieza.
La primera reforma financiera del PP, aprobada el pasado febrero, no disipó los recelos internacionales acerca de la solvencia de la banca española. Entre otras razones, porque las tiritas legislativas no bastaban para atajar la descomunal hemorragia que manaba de Bankia. La tardanza de Rajoy a la hora de defenestrar a su correligionario Rodrigo Rato como presidente de esta sistémica entidad, y la torpeza que luego presidió la intervención estatal de la misma, ha derivado en efecto contagio: de Bankia al conjunto de la banca; y de la banca, a la deuda soberana española, con la prima de riesgo jugando a la ruleta rusa con la cota de los 500 puntos básicos, la frontera psicológica del rescate europeo.







