A esas horas, a las 8.30 de la mañana, fuera del hospital la gente se marcha al trabajo o intenta moverse hacia donde sea; por dentro, en los pasillos, en la cafetería, en la entrada... hay también otra atmósfera: la misma quietud que el último día de prórroga de rebajas de temporada pero con otra limpieza. Y si acaso alguno merodeando por si aún llega para pillar algo. Unas plantas más arriba, la paciente espera con ese no saber con qué matar el tiempo que se impone al dejar en recepción la llave de los hoteles.
"He tenido dos embarazos. Con el primero engordé alrededor de los 15 kilos. Luego tuve otro embarazo gemelar y engordé unos 20. En cada uno me fui quedando con unos kilos de más y a día de hoy peso 30 kilos más que cuando estaba recién casada. Tenía problemas de tensión y después de la tensión alta se supone que viene la diabetes, ¿no? Quiero estar sana y quiero estar bien para mis pequeños, una de tres años y dos de dos", explica la paciente instantes antes de prepararse para la cirugía.
Una vez está lista y anestesiada entrecierra los ojos. Le siguen los oídos y el resto de los sentidos. Mientras, aún ronronea algunos comentarios: los hijos, el cambio físico... hasta que al final, la rendija desde que se había asomado a contemplar los últimos instantes de mundo también se cierra.
Hasta que vuelvan a aletear las pestañas al despertarse transcurrirán 45 minutos. Poco más de lo que dura una siesta resumido así: el equipo médico realiza las incisiones en las que se colocan los trócares, unos pasatubos que permiten el paso del instrumental quirúrgico en el cuerpo del paciente. Se llena el abdomen de aire. A continuación se separa la grasa del estómago para poder maniobrar con los bisturís de ultrasonidos. Se introduce una sonda para cortar y grapar el 80% del estómago.
"Una de las curiosidades de estos procesos", explica el director médico de Intrabes, Miguel Ángel Escartí, "es que los pacientes, tras la intervención, no tienen hambre y lo reconocen. Esto se debe a que en la parte externa y superior del estómago se encuentra la grelina, la hormona que provoca la pulsión por picar y al retirar el estómago esta también se elimina".
Tras someterse a la laparoscopia, los pacientes "hacen vida normal", afirma el doctor Escartí. "No toman dulces y comen muy poco. Tampoco hacen dieta específica. Durante los primeros 15 días solo beben líquido para cuidar la sutura, pero después, todo normal".
Quince días después de la operación, la paciente asegura que empieza a notar el cambio. "He debido de bajar dos tallas de ropa. Como poquito, pero me sienta bien. Tienes la sensación de no tener hambre. Tampoco es que me apetezca. Es como si me olvidara comer. Luego veo a alguien comer y digo, 'ay, sí que me apetece'. Una cosa muy positiva es lo rápido que va todo; una mala, el estreñimiento".
Esta es la experiencia de una paciente cuyo caso particular no puede servir para universalizar el resultado de este tipo de cirugías. La evolución de cada operado depende de los hábitos que adquiera tras la intervención. El equipo del doctor Escartí, además de la obesidad, ha logrado reducir la incidencia de otros trastornos metabólicos, como la diabetes, mediante la técnica laparoscópica. El reto, plantea el director médico de IntraObes, es mejorar el procedimiento de manera que se pueda llevar a cabo a través de una sola incisión.












