Huertas fue el héroe de la noche con su canasta imposible, que se verá repetida hoy una y cien veces en todas las televisiones, segundos antes de que todo el banquillo del Bar-ça hicieran un piña sobre el parquet, abrazando al base brasileño en plena locura por una hazaña que difícilmente puede verse en otro deporte que no sea el baloncesto.
Pero la determinación de Huertas en esa acción (su única canasta en todo el partido) solo explica el giro del destino y la recompensa por aquella que no anotó en la final four de Estambul. Lo que explica el vuelco tan espectacular que el Barça le dio al marcador fue el carácter de Navarro, la convicción de Lorbek y la pelea de Mickeal.
Esos fueron los pilares sobre los que el Barça Regal construyó un triunfo que Pablo Laso y los jugadores del Madrid difícilmente podrán explicar cómo lo dejaron escapar. El Barça ofreció una imagen pésima durante tres cuartas partes de partido. Defendió mal. Sin actitud. Sin la tensión que requiere esa final. Se aguantó con un primer tiempo espléndido de Lorbek (su mejor actuación en estas eliminatorias por el título) y con pequeños detalles de Navarro y Mickeal. Y, finalmente, supo reconducir la situación, recuperó su consistencia dentro de la zona, y volvió a creer en sus fuerzas aferrándose a la convicción de Navarro, el jugador que despertó al Palau y creó el ambiente propicio para la remontada.
El Madrid hizo suyo el partido durante muchos minutos. Jugó con tranquilidad y sometió a su rival con el ritmo de Llull y Sergio Rodríguez. En una demostración del momento dulce de confianza por el que atraviesa, también sumó canastas con facilidad, especialmente de Tomic -siempre efectivo frente a los azulgranas- y después de Carroll y Singler. Los madridistas demostraron todo el peligro que atesoran, especialmente desde la línea del triples (8 de 15 para los madridistas).
Pero en el tramo decisivo, el equipo de Pablo Laso flaqueó ante el giro que los azulgranas supieron darle al encuentro. El Barça endureció las acciones con su defensa, rebajó la anotación de los madridistas de forma drástica (14 puntos en el último periodo) y con Navarro ejerciendo de base durante muchos minutos, escoltado por Mickeal y Eidson, empezó a creer en la victoria.
De esa fuerza nació el parcial final de 14-2 que firmó el Barça en los últimos cuatro minutos y, sobre todo, la canasta imposible de Huertas, una canasta ya para la memoria.







