Las dos subcampeonas no tardaron en mostrar sus intenciones y las ocasiones se sucedieron sobre las porterías de Stekelenburg y Neuer, siempre con más peligro por parte de los holandeses. Lo cierto es que los alemanes afrontaron los primeros compases del encuentro muy metidos atrás, sin apenas tocar el balón, dejando que Robben y compañía creasen y creasen. La iniciativa era para los ‘tulipanes’ mientras que los chicos de Löw esperaban agazapados el momento de dar el zarpazo y aunque tardaron, llegó. A medida que transcurrían los minutos en el Metalist Stadium, el partido se transformaba: del peligro inicial de Holanda a los dos tantos de Mario Gómez, el hombre de la noche.
Antes de que el pichichi de la selección alemana aparecieses, fueron los holandeses los que llevaron la batuta creadora sobre el césped. Alemania no arriesgaba cuando tenía el esférico, no tenía prisa y cedía a su rival el poder de creación. De las botas de los jugadores holandeses salía un fútbol rápido; los de Van Marwijk se gustaban hasta que Alemania descubrió que el truco para anular a su rival pasaba por no dejar ni un solo hueco. Sin espacios Holanda se ahoga, se queda sin ideas y pierde el balón. Robben no podía acaparar toda la responsabilidad y Alemania aprovechó esta creciente debilidad para golpear primero: Schweinsteiger entregó el balón a Mario Gómez que se giró bailando con el balón y batió por lo bajo a Stekelenburg en el 24’. En ese momento, los ánimos se relajaron en el Metalist Stadium y el ritmo disminuyó beneficiando a los alemanes que llevaban la voz cantante. Schweinsteiger, enorme en el centro del campo, y Gómez tardaron catorce minutos en fabricar un nuevo tanto: el delantero, sin ángulo, se sacó un disparo imparable que limpió la escuadra de Stekelenburg. Holanda había pasado de controlar el partido a estar contra las cuerdas y Alemania, beneficiada por el marcador, se limitó a dejar pasar los minutos.
Van Marwijk sabía que necesitaba un revulsivo para intentar remontar los dos goles alemanes en la segunda parte y lo hizo a través de dos cambios: sacó a Afellay y Van Bommel y puso en el campo a Huntelaar y Van der Vaart. Las intenciones eran buenos, el resultado, por el momento, no porque Holanda seguía sin estar en el partido y el ritmo de trabajo de Stekelenburg no bajaba, el portero holandés se afanaba en abortar todas las acometidas de los alemanes a los que se les cortó al respiración cuando Schweinteiger, artífice del control alemán en el centro del campo, se llevó la mano a la parte trasera de su pierna derecha. La alarma se quedó en un susto.
La tranquilidad se apoderó de Alemania y las dudas de Holanda. Los jugadores ‘tulipanes’ no acertaban en defensa y tampoco en ataque aunque dejaron detalles de calidad en los que Neuer pudo lucirse: primero fue Van Persie aprovechando un pase de Robben y después Sneijder desde la frontal del área. El jugador del Inter se activó logrando que Holanda se despertase y así llegó el tanto de Van Persie. El delantero del Chelsea probó con la diestra desde la frontal del área y la apuesta le salió bien porque Neuer no pudo hacer nada para evitar el gol holandés.
Sin Mario Gómez sobre el terreno de juego Alemania perdió peligro mientras Holanda se rehacía, insistía, se hacía más rápida e incisiva y se veía capaz de alcanzar un empate que en los primeros minutos de la segunda parte se antojaba lejano. El problema es que el tiempo jugaba en contra de la subcampeona del mundo mientras su rival jugaba a dejar pasar los minutos con los cambios de Löw y el susto de Klose que a punto estuvo de hacer el tercero. Los tantos de Mario Gómez fueron una losa para Holanda que casi se despide de la Eurocopa: sólo una victoria ante Portugal y un triunfo de los alemanes ante Dinamarca además de las cábalas con los goles les permitiría estar en unos cuartos que contarán con la presencia de Alemania a la que le vale un empate.












