
Se le veía venir a la legua. A la espera de que terminara Sebastian Vettel, Mark Webber apretaba el mentón mientras agarraba el micrófono con fuerza. Estaba dispuesto a hablar sin tapujos. Y lo hizo. Fue una de las escenas más memorables y rocambolescas de los últimas años en la Fórmula 1: al ganador del Gran Premio de Malasia, el triple campeón del mundo en vigor, su propio compañero de equipo le sacó en el podio los colores como a un colegial.











