En esta etapa de la historia de ETA, la última según dijo el viernes el lehendakari, tendrá mucho que decidir un pamplonés de 36 años sobre el que hace una semana recayó el peso de dirigir el aparato militar. Mikel Kabikoitz Carrera Sarobe, Ata, se acostó el sábado siendo el jefe directo de los comandos y despertó como el más influyente miembro del comité que dirige ETA. La detención en NormandÃa de Ibon Gogeaskoetxea habÃa hecho correr una vez más el escalafón en la cúpula de la banda.
Si atendemos a la experiencia de los últimos años, Carrera aguantará sólo unos meses, el tiempo que tarde en ser detenido e ingresar en prisión. Pero a Ata, los galones le llegan en un momento en el que la izquierda abertzale no se limita a esperar el siguiente atentado con más o menos resignación o entusiasmo. La banda lleva siete meses sin poner una bomba. Acosada por los continuos golpes policiales se ha visto obligada a asistir como mera espectadora al debate en Batasuna, una vez que su intento de orientarlo, con la ponencia Mugarri, fracasó estrepitosamente.
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Ajuste polÃtico
Un atentado ahora condicionarÃa el futuro polÃtico de la izquierda abertzale, inmersa en una corriente vertiginosa de movimientos para llegar legalizada a las elecciones municipales de 2011, que también son forales en Navarra. El ministro del Interior lo repite en cuanto le dan ocasión: "O convence a ETA de que lo deja, o rompen". Sólo asà se producirá lo que Rubalcaba definió la semana pasada como "ajuste polÃtico", esto es, el regreso de Batasuna a las instituciones.
De Ata se sabe que mientras Batasuna ultimaba Zutik Euskal Herria, las conclusiones de su debate a favor de un proceso sin violencia, él enviaba una furgoneta con material electrónico a la fábrica de bombas que habÃa ordenado instalar al norte de Lisboa. AllÃ, la policÃa portuguesa encontró 1.500 kilos de explosivo y fotografÃas de un cuartel en Cádiz.
Carrera es el ideólogo de la lÃnea dura de ETA que abanderó ‘Txeroki’
La documentación que ha ido acumulando la Guardia Civil desde el final de la tregua revela un perfil hasta ahora desconocido del nuevo número uno. Carrera Sarobe siempre estuvo muy cerca de Garikoitz Aspiazu, Txeroki, el duro entre los duros detenido a finales de 2008.
Pasó su infancia y adolescencia en Alfaro (La Rioja), pero la separación de sus padres le llevó a Tolosa, donde vivió con su madre. A principios de la pasada década se integró en ETA como miembro legal del comando Navarra. A este grupo se le atribuyen los asesinatos de dos policÃas nacionales en Sangüesa, un cabo de la Guardia Civil en Leitza y del presidente del PP en Aragón, Manuel Giménez Abad, todos ellos atentados sin resolver cometidos entre 2001 y 2003.
Cuando Carrera Sarobe se incorporó a la clandestinidad, Txeroki ya era un destacado miembro del aparato militar. Tanto, que se atrevÃa a escribir a la dirección criticando la distancia que habÃa entre esta y los comandos. Según documentación incautada a Mikel Antza en 2004, la dirección de ETA sometió a Txeroki a un consejo de guerra ese mismo año por el "fallo de seguridad" que suponÃa en sà el documento, susceptible de caer en manos del "enemigo". Txeroki se arrepintió, pidió perdón y salvó la expulsión por poco. Pero no dejó de liderar una facción crÃtica, partidaria de apretar el acelerador de la violencia en cualquier momento.
"Ya es hora de hablar claro"
Y a esa facción se incorporó Ata, que terminó por convertirse en su ideólogo. De hecho, las Fuerzas de Seguridad le consideran autor del documento Ya es hora de hablar claro, que Txeroki utilizó para dar un golpe de Estado, paso previo a la "guerra civil" que se libró en ETA entre el verano de 2007 y mayo de 2008.
En el texto se criticaba la inoperancia de la dirección de la banda, las continuas caÃdas de comandos y la "censura interna" que el entonces número uno, Francisco Javier López Peña, Thierry, habÃa impuesto a los discrepantes. Thierry y sus partidarios, agrupados en el aparato polÃtico, reprochaban a los "golpistas" haber descuidado la seguridad, no respetar la jerarquÃa interna y boicotear la asamblea virtual que se desarrollaba entre los militantes desde el final del alto el fuego.
Tras siete meses sin atentados, ETA es sólo espectadora del debate en Batasuna
En la primera reunión del comité ejecutivo celebrada tras la difusión interna del documento, Thierry ejerció su mayorÃa en el Zuba -el comité- y decretó la expulsión de Txeroki y de Ata. Pero estos ya habÃan maniobrado en los aparatos militar y logÃstico para recabar el apoyo de la mayorÃa de sus miembros.
La consecuencia fue que durante meses planeó el fantasma de la escisión, hasta que la Guardia Civil detuvo a Thierry. Su máximo enemigo aprovechó entonces para encaramarse a la jefatura del aparato militar. ETA tenÃa un nuevo número uno y el aparato de logÃstica un nuevo jefe, Mikel Carrera, el Ãntimo colaborador de Txeroki.
Pero otra vez la acción policial reestructuró el tablero de ETA. En noviembre, fue detenido Aspiazu Rubina y una semana después, su sucesor, Aitzol Iriondo. El año 2009 arrancó con una reestructuración de la cúpula que colocó a Ibon Gogeaskoetxea al frente del aparato militar, a su hermano Eneko en el logÃstico y como jefe de los comandos a Ata. De ahÃ, a jefe militar, una sola operación policial. La misma distancia que separa ahora a Carrera Sarobe de la cárcel.
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La encrucijada de ETA

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