Jueves, 29 Julio 2010
Lunes, 08 de Febrero de 2010 08:03
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aficionLas necesidades económicas provocadas por los dispendios que se han cometido en el mundo del fútbol han convertido al deporte rey en un fenómeno social oficialista y sumiso. El carácter contestatario que tuvo en muchos momentos ha desaparecido y más vale no levantar la voz para que ello no tenga consecuencias.

Esa oficialidad obliga a que todo el mundo asuma lo que hay, desde los dirigentes deportivos hasta aquellos que a través de los medios de comunicación deben rendir pleitesía y justificar todo por muy antagónica que sea esa maniobra.

Desde la lejanía se percibe que todo aquello que rodea la Real está completamente establecido y después de varios malos resultados el sistema no sabe como cuadrar el círculo para que todo el mundo esté contento.

En ningún momento de la temporada me ha convencido el sistema de juego de la Real. Ha renunciado a las bandas, deja la creación del juego al equipo rival y prefiere esperar y cazar al contrario antes que mandar. El equipo se basó en un sistema compacto y en el acierto en la portería contraria para subirse a un tren guiado por una corriente positivista que se ha frenado en seco.

Afortunadamente el colchón sigue siendo importante y los demás son muy irregulares, pero la virtud está en parar la corriente negativa cuanto antes y perder el menor número de puntos posible. Pero cuidado: el ascenso hay que sufrirlo. Aquella Real que luchaba y brillaba más que nunca en su historia se ha convertido en un equipo cansado, previsible y romo.

Hablaremos de los sistemas de Martín Lasarte, de la aportación de los fichajes y del concepto futbolístico que ha representado este equipo, pero sin cataclismos. No ha sido la mejor Real de la historia y ahora se trata de que no sea la peor y para ello es necesario volver a ilusionar a la gente. Martín Lasarte lo hizo una vez: cuando las primeras jornadas nos trajeron resultados negativos y una eliminación copera bochornosa, su reacción fue utilizar a la cantera y darle los galones necesarios para sacar el equipo adelante. Xabi Prieto maravilló, Griezzman se convirtió en el ídolo local y la gente enloqueció. Está claro que el fútbol es un estado de ánimo tal y como dijo Valdano, pero una temporada tan larga da cabida a todos los estados mentales posibles, sin que por eso haya que justificar lo injustificable.

Es muy importante ganar al Nastic, pero también lo es saber a qué y cómo juega este equipo. Al fin y al cabo es su tarjeta de identidad.

 

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