Jueves, 29 Julio 2010

Ahora que se cumplen 30 años de la temporada mas fascinante de la Real (amén de los dos títulos) no estaría mal impregnarnos un poco de aquel espíritu para afrontar la segunda mitad del campeonato.

Martes, 23 de Febrero de 2010 06:52
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A decir verdad,contagiarse de aquel espíritu vendría bien siempre, pero en este caso sería adecuado dado lo proclives que somos a la ciclotimia, y mas en estos tiempos en los que un terrón de azucar nos endulza la vida y un puñado de sal nos la convierte oscura y tenue.

Cierto es que aquellos eran otros tiempos, que las connotaciones sociales de un club de futbol en Euskadi eran magníficas, y que tanto la Real como el Athletic se convirtieron en referentes de una sociedad necesitada de alicientes y de ilusiones. El fútbol distrajo pero también contribuyó. Hoy es otra historia, básicamente porque estamos en una época en la que la debilidad moral de la Real es evidente. Juanma Lillo lo reflejaba claramente cuando hablaba de la vulnerabilidad mental de unos jugadores a los que se acusaba de descender al equipo después de 40 años, y sufrir (por si fuera poco) el cruel desenlace de Mendizorroza.

Esta temporada parecía que se había revertido la situación. La Real no enamoraba con su juego pero el pragmatismo de Martín Lasarte provocaba que la situación fuera clasificatoriamente perfecta. Ahora no lo es, pero casi. La Real es segunda, tiene un magnífico colchón pero no hay mas ciego que el que no quiere ver: los datos cantan. 5 puntos de 15 posibles. Las sensaciones que desprende el equipo (sensaciones absolutamente subjetivas) no son halagüeñas. La crónica de un periódico decía el lunes que el Girona pagó a la Real con la misma moneda, es decir, aprovechó una ocasión y esperó, y esperó, y esperó (esto amén de la infame actuación arbitral).

La Real solo ha ganado en toda la temporada un partido que se le puso en contra ( 4-1 al Cádiz después del gol de Tristán). Eso demuestra que le cuesta crear, que cuando el rival espera los recursos son mucho mas limitados y que si además, se le une la baja de Xabi Prieto, el problema se acrecienta. Por cierto, las maquiavélicas lecturas que se han hecho nos decían que el equipo no se resentiría por la ausencia del capitán,que había banquillo de sobra. En cualquier faceta de la vida, ¿cuándo no se ha echado de menos al mejor?

Dicho esto, los rivales no mejoran y eso da aire a la Real. El futbol pragmático de Martín Lasarte se ha visto sin las dosis de fortuna necesaria, y al entrenador le cuesta reaccionar. Su sistema es invariable, y su guardia pretoriana también, lo que plantea dos lecturas: o no sabe como modificar los planteamientos o no tiene los recursos para hacerlo. Lo digo ahora porque lo vengo pensando desde hace tiempo: la Real subirá, y lo celebraremos con la algarabía necesaria, pero quedan 17 jornadas y se nos van a hacer muy largas.

 

 

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