
8:15 de la mañana del sábado. En la estación de autobuses de Anoeta decenas de seguidores de la Real esperamos al autobús que nos llevarÃa a Huesca. Caras de sueño y mucha bebida para evitar la deshidratación Llegan los dos autobuses organizados por la peña Txirritako Txuri-Urdinak Eutsi Markel y también el primer problema. Una persona no tenÃa sitio en el autobús. Cambio de planes. Nos llevan a Lezo para cambiar el autobús y que podamos entrar todos y, por fin, partimos hacia Huesca.
En el camino se alternan cánticos a favor de la Real y alguna que otra parada para estirar las piernas y darle salida a la bebida. Tras cerca de cuatro horas de viaje llegamos a Huesca donde el chofer nos deja en mitad de la ciudad y nos explica que al finalizar el partido el autobús estarÃa aparcado al lado del estadio de El Alcoraz.
Nada más bajar del autobús parece que estuviéramos en Gipuzkoa pues el color txuri-urdin es visible en todo los lados.
La mayorÃa de aficionados nos juntamos en un par de calles donde disponÃamos de cuatro o cinco bares que todavÃa estarán dándole las gracias a quien sea por hacer que paráramos, y gastáramos dinero, ahÃ.
Las horas pasaron volando y el increÃble ambiente que se generó comenzó a desplazarse poco a poco hacia el campo, pues nos habÃan advertido de que era necesario ir con antelación para evitar formar colas.
Entramos al campo, con cacheo de rigor, y los aficionados txuri-urdin nos colocamos detrás de una de las porterÃas. Los gritos locales de ‘Huesca, Huesca’, se vieron superamos por nuestros ´Real, Real´, y para cuando nos dimos cuenta el partido habÃa empezado.
En la primera parte la Real parecÃa que intentaba jugar e imponerse sobre el campo al Huesca, pero no remató ni una sola vez a puerta y asà es difÃcil sacar nada de provecho.
En la grada seguÃamos animando, la famosa ciclogénesis nos respeto y no vimos caer ni una gota de agua, a pesar de que en el campo veÃamos que a la Real le costaba llegar al área.
Llegó rápido el descanso y en la segunda parte ocurrieron cosas que hacen que el futuro de la Real pinte bien. Volvió Xabi Prieto y la Real fue otra. Entró sustituyendo a un Songo´o que no demostró nada en su primer partido como titular. Pero la mayor sorpresa nos la dio Johnatan Estrada que salió y jugó sus mejores minutos de la temporada.
Tras el gol de Moisés, la Real se creció y acoso la porterÃa de Doblas, que era la que estaba donde estábamos sentados nosotros. Asà llegó el gol de Labaka al saque de una falta de cocoliso. Y punto final. La Real no mereció más de lo que sacó pero el empate es muy positivo si tenemos en cuenta los resultados de nuestros rivales. La distancia sigue igual pero con una jornada menos.
Al finalizar el partido los jugadores de la Real saludaron tÃmidamente desde el centro del campo al millar de aficionados que allà nos encontrábamos. No hubiese estado de más que se hubiesen acercado a donde estábamos en agradecimiento por nuestro incansable apoyo. El viaje de vuelta fue de lo más caótico posible. Montamos en el autobús en dirección a Donostia pero nos avisaron que por la ciclogénesis no podrÃamos entrar a Gipuzkoa hasta las 4 de la madrugada. Y todavÃa eran las 20:30 de la tarde. La primera decisión que se tomó fue parar en un área de descanso para cenar y esperar a recibir nuevas noticias.
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A los del área de servicio donde paramos también se les apareció la virgen cuando vieron entrar a un centenar de personas con ganas de cenar. Vamos, que no se habrán visto en otra asà en su vida. Entre los bares de la ciudad y esta área de servicio hicieron su agosto en pleno febrero.
Cenamos y montamos en el bus para ir a Iruña y esperar ahà hasta que pudiéramos entrar en Gipuzkoa. Pero los planes cambiaron y nos avisaron de que ya podÃamos entrar en Gipuzkoa sin problemas. Llegamos a la una con la misma cara de sueño que antes de montar en la ida, pero con un punto más en el bolsillo.




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