
La sorpresa por la actuación del Eurogrupo ante la crisis de Chipre ha sido mayúscula. Uno puede entender el hartazgo de Alemania y otros ante el despilfarro y la corrupción escandalosa de las élites griegas y chipriotas, adquiriendo mansiones, yates, coches deportivos y rodeándose de todo el lujo posible con el dinero de sus contribuyentes, y que hayan querido mandar un aviso inequívoco de se acabó la fiesta, a ellos y a “los países del Sur”. Pero una cosa es eso y otra muy distinta la forma caótica en que han abordado el problema, hundiendo las bolsas mundiales e infligiendo pérdidas cien veces superiores al rescate de Chipre. Y yo no voy a llorar por los pensionistas y los ciudadanos chipriotas que también se beneficiaron, porque el Gobierno de corruptos y despilfarradores fue elegido libremente por ellos, nadie les obligó: sólo tienen lo que votaron.











