El Valladolid todavía con las celebraciones de su retorno a Primera División aún calientes, tras superar al Alcorcón a doble partido, y finalizar la temporada regular en un meritorio tercer puesto, atraviesa una de las peores situaciones financieras jamás vividas por el Club ahora propiedad de su presidente Carlos Suárez, de ahí que deberá evaluar con mucho tino y precisión en qué y cómo gasta los pocos fondos de los que dispondrá su principal mandatario.
De cualquiera de las maneras, el retorno a Primera debe ser identificado como un balón de oxígeno que permitirá a la entidad pucelana vivir cuando menos, después de los 2 años de estrecheces vividos en la división del infierno, la Segunda A; premio para los que ascienden de Segunda B pero un verdadero calvario para los que descienden de la División de Oro española.
A día de hoy, un posible traspaso de Joseba Llorente a la entidad del Nuevo Zorrilla es un deseo más de los aficionados que otra cosa, máxime el buen sabor de boca que dejó el delantero centro durante su periplo en Valladolid, así como unido al hecho de que las perspectivas de futuro en Anoeta no se ven nada claras para el goleador gipuzkoano, dadas las preferencias de Montanier.







